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domingo, 15 de mayo de 2011

Deja correr el día, y que siga su curso, sin que nada lo aparte de su destino. La luz alcanza en su cenit el poder absoluto. Cualquier rastro de azul, cualquier detalle, nos pasa desapercibido. Su fuerza, su soberbia, se irán poco a poco consumiendo. Todo, más pronto o más tarde, decae. Será entonces, cuando salgan esos pájaros nerviosos de sus escondrijos y dibujen en el aire vuelos y algarabía, el momento de abrir los ojos, y respirar. Al cabo, se trata de mantener la calma frente a las llamas de una hoguera encendida por los excesos, y resistir la afrenta.

sábado, 14 de mayo de 2011

Cruza el sopor lo que queda de tarde. No me extraña que aquel que quiere encontrar en el espíritu una salida necesite apartarse del mundo. La necesidad agudiza los sentidos, los dispone para la búsqueda. La abundancia, en cambio, sólo nos acerca a lo conforme. Si lo tienes todo necesitas nada. Si estás con muchos no puedes saber quién eres. La estación del fuego y la humedad será larga, casi seis meses. Y no estás preparado. En este estado de cosas conviene saber cuáles son nuestras debilidades, qué parte del cuerpo requiere más olvido, pues no me atrevo a pensar siquiera que el castigo contribuya en algo. Después, de ti depende. No todos estamos llamados para un mismo fin. 

viernes, 13 de mayo de 2011

Esta mañana, camino de Aguamarga, la luz fosca aparecía y se alejaba detrás de un cielo casi ciego. La tierra, sin embargo, mostraba complaciente la exhuberancia de los espartales, un verdor inusitado sólo roto por la blancura de las paredes de cal de viejas construcciones, algunas casas de labor con sus aljibes. Tierra generosa que siempre entrega más de lo que recibe. Todo lo que veían mis ojos parecía dormido. Enseguida apareció la boca del mar, un mar teñido, turbio, por falta de luz. Ni siquiera las primeras casas del pueblo, alegremente vestidas de verano, consiguieron cambiar la cara de este día. Fui a Aguamarga pensando en aquellos días, cuando hubiera dado por vivir lejos de la ciudad todo lo que tenía. Hoy, sé que este lugar no me recuerda.    

miércoles, 11 de mayo de 2011

Ni siquiera la noticia de la aparición de las primeras setas primaverales, unas senderuelas ( marasmius oreades) en la sierra de Abla, ha conseguido alejar estas brumas interiores. Tiempo éste de obligada resignación cuando los cielos también extraviados no consiguen abrir un hueco de luz, pero se siente todo su peso. Empieza lo que será un largo y tedioso verano. Se nota ya en el aire la brasa que se inflama al contacto con la piel. Tendría que encontrar algo que pudiera distraerme durante estos meses, algo en lo que entretenerme, haciéndome olvidar la vida que pasa.

martes, 10 de mayo de 2011

Siempre he sentido rechazo por los trabajos manuales, y no me refiero sólo a los que exigen un esfuerzo físico, sino a todos los que requieren una destreza manual, basada en el entendimiento de lo que se hace, en la estrecha relación mundo/ hombre. Suelo sentir en esos casos de extrema urgencia en los que hay que ponerse a arreglar alguna cosa una torpeza, una desgana, que me paraliza. Me digo, con el ánimo de justificarme que debe ser por el tiempo vivido en otros cuerpos, en los que fui alguien dedicado al trabajo de sol a sol, en días de lluvia y ventisca, en noches frías llevando el agua de un prado a otro. Lejos quedan esos días de entrega, y mi obligada disposición a saber cómo era la realidad para domeñarla con mis manos. Pero qué lejos queda ése que fui para que ahora pueda ser éste, un hombre que ha depositado en la mirada, en la contemplación del mundo, su único anhelo.

lunes, 9 de mayo de 2011

Ando estos días ocupado en redactar las líneas de presentación del Rafael Juárez. Nada me resulta más esforzado que indagar en los versos de alguien con el propósito de construir una interpretación o teoría poética. Lo que necesito cuando leo es que la palabra llegue a ese lugar de mi cerebro donde reina la intuición   - el impulso, la emoción, lugares vírgenes siempre, alejados de la conciencia y el análisis -   y la zarandee. Sólo sintiendo esa convulsión, que no sé nunca a qué responde, consigo ser dichoso. Por eso intentar explicar con palabras lo que siento es algo así como buscar un grano de arena con nombre en un desierto. Y sin embargo persisto en el intento.  

domingo, 8 de mayo de 2011

En la fotografía aparece sujetando una escopeta de caza, vestido con traje gris y corbata pintada, una fea mancha de color. Lleva sombrero y unas gafas grandes que dejan sus indefensos ojos azules en el centro de un naufragio. Su mirada es cándida, frágil. La de alguien que no ha causado daño a nadie, excepto a sí mismo. El cuerpo erguido y flaco sobre un esqueleto trabajado en la noche, en esos sueños que no rehuyen ningún salto mortal, ni siquiera el de la ternura. Una imagen que nos alienta a enfrentarnos con nuestros miedos, armado con munición, y dispuesto a todo. Ése era W.S.B.