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viernes, 24 de marzo de 2017

DEFENSA DE LA VERDAD


El tiempo que queda
es un abrazo que sabes imposible,
la luz de un viaje que lentamente te abandona.

Nada parece duradero,
ni siquiera esas montañas
sobre las que crece una vegetación
rala.
Verdad, quién pudiera creer en ella.
Echada en el agua
se ablanda como granos de arroz.


En la mesa, toda filosofía parece pobre. 

domingo, 12 de marzo de 2017

ACOSTÚMBRATE

Vendrán días de lluvia y frío,
un frío que ni siquiera se suaviza  
con el alcohol que destila la memoria.
Días extraños, e injustos,
y días con mucho dolor
donde la ausencia irá mermando tus fuerzas,
y el viento te empujará hacia dentro,
más adentro aún.

Y llegarán, tal vez, algunas alegrías
y un tímido sol llamará a tu puerta
con la promesa incierta de la vida.
No confíes en besos y caricias,
y acostúmbrate a la soledad
que es buena compañía.
Y si has de morderte la lengua,
hazlo, sin miedo, 
a nadie le interesan   
                                  tus lágrimas. 

viernes, 10 de marzo de 2017


                                   Vara blanca del ciego
                                                               Jorge Boccanera

VARA BLANCA DEL CIEGO

Quién pudiera
abrir la cáscara
de estas oscuras palabras,
y encender la hoja
que ilumina por un instante
la vida.

Vara blanca del ciego.
Con ella tanteas
dónde está el muro,
dónde el precipicio.

Vara blanca del ciego
que busca
entre las sombras.

Y solo encuentra aire.


martes, 7 de marzo de 2017

LA LLUVIA 

Trae el viento hasta mi mesa
algunas hojas.
Treinta años no son nada,
poco tiempo
para sentir que todo
empieza a ser ya viejo.
La utilidad es una medida
que modifica
                          el alma.
Las luces se apagan solas.

La experiencia es la suma
de sangre y sangre seca.

No se quién soy.
Un soplo es capaz
de derribarme.

Trae el viento hasta mi mesa
los golpes de la lluvia.
Una lluvia inmóvil
que mancha mi rostro,
y deja señales.

domingo, 26 de febrero de 2017

Es más fácil ver la bondad que integrarse en ella.
Bertrand Russell



EL TRABAJO DE OTROS

Qué has hecho tú para merecerlo.
Míralo, ahí está como un fruto maduro
después de las lluvias,
como un traje planchado, impoluto,
después de una noche de insomnio,
como esas manos limpias
que nada ocultan.

En cambio, tú qué puedes decir

de tu vida.

jueves, 23 de febrero de 2017


A Rafael Gadea, in memoriam

DOS PERSONAJES Y UN CARACOL

No sé qué tiempo hace ahora, ahí, donde tú estás.
Si la lluvia dibuja un signo de esplendor
y el sol acude con una caricia hasta tu pecho.
Acaso puedas hoy dormir mejor que ayer,  
y puedas abrir los ojos para sentir la luz,
olvidando el dolor.
Este invierno, aquí, ha sido gris.
¿Recuerdas, los cielos de Lieja con su humo
y su servidumbre? Qué lejos parecen
aquellos días, extrañas las costumbres
de una lengua que no conoces, los ríos, los árboles,
mientras afilas los lápices de colores 
                                                     y cae su ceniza

Qué triste es el tiempo que no se cumple,
el que tarda en llegar
y no termina nunca de cruzar el puente
de la vida, como río de aguas.

No sé si recuerdas cómo era esta ciudad
aquel día de tu regreso. El mar azul,
el mar que respira, y llena tus pulmones
de niño, de una memoria que no tuviste.

No sé qué tiempo hace ahora, ahí, donde tú estás.
Si la lluvia dibuja contigo.
O si el sol se ríe con las historias que cuentas:
Dos personajes y un caracol.

domingo, 19 de febrero de 2017

Para José Antonio Jiménez, SAFI.

MÉTODOS PARA MEDIR

Los marinos conocen las mareas,
el sitio exacto donde dibujan 
las grandes olas su caída.
Los marinos arrojan plomos atados 
a una cuerda de cáñamo
para saber las profundidades del océano.
Los marinos llevan mapas 
para no equivocar su futuro.
Lo dice Gerhard Schott
en Oceanografía física, 
un viejo libro de 1930.

La ciencia ha conseguido descifrar
las corrientes, la distancia
que separa el sol 
de las cavernas más profundas.
Pero no sabe nada de los hombres,
tampoco de sus sueños,
ni del motivo que les lleva a embarcar
sin saber, si es cierto o no, su destino.

Los hombres cruzan el mar, 
de noche, con viento y sal en los ojos,
dejando su casa, y un fuego encendido,
sin más método, ni herramienta,
que el deseo.