El marco conserva las huellas, el deterioro causado
por las inclemencias y el desprecio del tiempo. Dentro, la pintura mantiene aún
el pulso firme frente a las grietas y los desencantos. Se nota que el viejo sueño del artista
permanece aún con sus ritmos vitales. Aún hay fuerza para llevar la mano hacia
un paisaje abierto, con su hierba
anárquica, y sus calveros despintados. Los
árboles, pequeños e indefensos, crean
una línea imaginaria que nos aparta de los peligros que a lo lejos se intuyen,
en esas manchas crecidas, insinuándose allá en el horizonte. Y detrás, un cielo,
cauto, sin color, ni confianza. Como el futuro, siempre incierto, y a la vez necesitado de esperanza.
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sábado, 30 de marzo de 2013
sábado, 23 de marzo de 2013
Cubro el hueco de las horas vacías, y pasan veloces
como el viento que trae lluvia, una lluvia que se prodiga hasta las últimas
habitaciones. El sueño no me distrae desde hace no sé cuánto tiempo. Ni sueño
ni poesía se atreven, con esta lluvia, a llamar a mi puerta. Será que necesitan
distancia, que sus nudillos siguen doloridos. Las manos sino están limpias no
merecen lo que tocan.
sábado, 23 de febrero de 2013
Una nube rezagada permanece inmóvil detrás de la
ventana. No parece una nube joven. Su cuerpo está deforme, grumos apelmazados
cubren su centro y en los bordes una carne flácida, de color más oscuro, se deshilacha. Pero ella sigue, ahí,
recibiendo la última luz que trae la tarde. Febrero ha sido frío, inconstante,
y ha dejado rachas desordenadas de viento a su paso. Como un enfermo que espera
mejores días cierro los ojos. A veces es conveniente no juzgar las cosas, dejar
que pasen esas nubes cuanto antes, sin ser vistas, sin sufrir por ellas, con la
misma majestuosidad que vuelan las grullas, bellas y frágiles al mismo tiempo.
miércoles, 20 de febrero de 2013
La habías visto, antes incluso de oírla. Estaba quieta,
en el aire, contemplando cómo la tarde iba oscureciéndose , y alargaba su
figura hasta ahogar las casas situadas a ambos lados de la carretera, con sus
muros de invierno incapaces de sujetar algún verdor, el recuerdo de otras estaciones
más cálidas . La vi allí, sin rostro, pero con los ojos clavados en mi,
diciéndome que su presencia no era fortuita. Ninguna concesión , ninguna
tregua, puede alejarla por mucho tiempo. Y sentí el frío que nace dentro de uno
ante el desorden y el miedo. Ese frío que teje una mordaza. Y pensé en la pobreza,
en la necesidad que obliga a aquellos que no tienen nada a mirar los días de
otra forma, a sobrellevar la tristeza con gallardía. Esa tristeza que sólo
vence a los cobardes.
lunes, 4 de febrero de 2013
Días inconstantes, de viento que deja su estrépito y
quiebras tallos y ramas. Días de sol a destiempo como una mano
desconocida que acaricia inmerecidamente. Días de niebla, triste y extraña,
deshaciendo la verdad, ocultándola , como una enfermedad que mancha los ojos. Días
como tú, inconstantes, huidizos. La misma
desesperanza frente a lo inestable, frente
a vértigo que dices que justifica tu silencio, y tu deriva . Sólo queda la
espera, y matar el tiempo con sus mismas armas: desorden, desobediencia.
viernes, 1 de febrero de 2013
Me descuido con suma facilidad, me abandono , como si el camino trazado, ése que fijan unos límites
impuestos , no tuviera ningún interés , ningún misterio. Salirse de los senderos
conocidos en busca del arrabal que ofrece al menos el temblor
me devuelve a la vida, como esas luces perdidas entre el frío que guardan más
que una verdad, las verdades de todos. Y luego regreso hacia las mismas
contradicciones, resignado, seguro de no caer tan fácilmente en el engaño.
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