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viernes, 7 de octubre de 2016


Manchas, bosquejos, nubes negras
en tu cielo de calígrafo.
                                      Jordi Doce
LA SEGUNDA RAÍZ

El cielo de hoy es el cielo de la niñez,
ahí, sobre el valle, en a Besada.
Las manos atadas a la empuñadura,
los surcos llenos de patatas.
                                                      .  
Alguien lee ensimismado bajo la lluvia,
sin saber si los animales se alejan,
y pierde la línea que siguen las letras
como el arado el surco.
Los truenos atraviesan la montaña, 
y un rayo enciende nubes negras.

El agua deshace el camino, la tinta
de las letras desnudas frente al frío.

De noche, aquellas palabras vuelven
y revoloteaban en su cabeza
sin saber muy bien qué sentido tienen.

Los años han ido enseñándole
la dirección del viento y la tormenta,
las razones de la montaña herida.

Pero sigue sin comprender algunas cosas,
y cierra los ojos, como entonces,
y hurga en la memoria
para salvar aquello.
                                         Para salvarse.




jueves, 8 de septiembre de 2016

LAMENTACIONES

Como piedra que no quiere ser piedra
llega a mis oídos esta música
que solo entiendo si me desnudo,
si soy madera húmeda en un bosque antiguo,
pues cruza entre las hojas,
y acompaña a esos trinos limpios
que celebran un nuevo día.
Como piedra que no quiere ser piedra,
escondido entre la muchedumbre.
ignorando mi destino.

.

                          

jueves, 1 de septiembre de 2016

LOS SENTIMIENTOS

Los sentimientos
enredados
como carne de nuez
en un lecho,
en una celda construida
irregularmente,
donde crece el fruto
en su verdadero
ser,
viendo pasar el tiempo.

Cruje en el paladar
la esencia
que ha resistido
al viento de la vida,
aunque parezca seca.


viernes, 22 de julio de 2016




Antes de que la edad te hiciera daño
                                         John Clare
ME DIRÁN 

Si todo permanece como ayer
por qué la luz  
me enseña
la coraza desnuda,
 los frutos que ya no están.

Iré por el camino    
hasta os Roxas.
Allí, en la siega,
la tierra está entregada
a las voces y las risas.

Si todo permanece como ayer
oiré a las abejas
también en su trabajo,
la respiración
que mueve el diafragma,
y el corte de la hoz
que separa
de la tierra
lo que estaba unido a ella.

Si todo permanece como ayer
hablaré con ellos.
Los Dioses me dirán
si este año las lluvias respetarán la cosecha.

Si algo de esta inocencia
quedará para mañana.

    

martes, 28 de junio de 2016

UNA CIUDAD

Sólo el amar, sólo el conocer
cuenta, no el haber amado, no el haber conocido.
                                                  Pasolini

Este cielo de un color desconocido
y el viento que viene del desierto 
y deja medias luces 
                                sobre las azoteas.
Este cielo como besos soñados
en pequeños cuartos de una sola lámpara 
y sábanas lavadas hasta perder el brillo.

Y estos ojos que miran a las muchachas
como fruta robada,
y buscan en la nostalgia un sueño,
viejas ofrendas, ramos de nardos 
para que no lleguen las lluvias.

Este cielo de una ciudad de provincias, 
donde la mentira
no necesita máscaras, y la palabra se vende.

¿ Recuerdas, aquel día ?
cuando los hombres iban hasta el mar
para mirar en el agua su reflejo, 
las señales de una tierra prometida.



viernes, 24 de junio de 2016

Gracias, libertad

Libertad y angustia, así titulaba hace unos días Andrés García Ibáñez un artículo en el que hablaba de la creación, en la sociedad actual, donde el artista puede elegir lo qué decir y de qué forma, seguramente como en ningún otro momento de la historia. Pero la libertad no siempre se administra bien. A veces puede provocar vértigo, angustia, hasta parálisis. No desdeñes nada./Una rana le dio a Basho/su mejor poema. En estos versos del venezolano Rafael Cadenas descubrimos que más allá del tema o el asunto de una obra lo importante es lo que tú seas capaz de ver, y para eso tienes que tener tus sentidos bien despiertos, atentos a cuánto pasa por la vida. Nada desprecies por insignificante que sea, pues hasta lo más pequeño puede ser muy grande si tus ojos son capaces de mirar en lo profundo. Aprender a ver debería ser una materia a impartir en las escuelas de arte, muy orientadas al conocimiento de las técnicas artísticas.    
En este mundo que corre a una velocidad endiablada, donde se fabrican y se destruyen en un día miles de imágenes, y de sueños, donde la información de hoy estará mañana enmohecida, el artista trabaja con materiales perecederos. Nada garantiza el éxito de la creación artística, porque el arte es una búsqueda, en muchas ocasiones una búsqueda sin respuesta, porque no la hay o porque la respuesta es sencillamente esa búsqueda. Y es que la creación artística sigue siendo un enigma, solo sabemos que es verdadera si deja huella, si nos conmueve y emociona. Un rapto inexplicable, un soplo que acaricia algo dentro de nosotros, no sabemos muy bien dónde ni por qué, de ahí que lo llamemos misterio. Se escribe, se pinta, se crea desde la incertidumbre y la duda, desde la pérdida y el asombro, por lo que no se tiene, o por lo que se ha perdido. Es un viaje hacia dentro, en busca de aquello que está enterrado en lo más íntimo, lo que nos hace a cada uno seres únicos y diferentes, lo que de verdad somos, aunque tantas veces “cavas y cavas sin encontrar la piedra”. Pero no importa, casi siempre se aprende más del fracaso que de falsas y pírricas victorias. El halago en el arte es una caricia envenenada, pasado el momento de obnubilación una extraña sensación de realidad se apodera de ti. Nos empeñamos en valorar a los artistas como si fueran deportistas que alcanzan un lugar, un puesto, en una competición. Nada más ajeno al arte que esas clasificaciones y jerarquías. Me resultaría difícil elegir entre un cuadro de Javier Huecas o uno de Hockney, entre un Palazuelo y una obra de Pepa Satué. Más allá del mercado el arte sigue, gracias a la libertad, en manos de los artistas. Son los que templan la angustia o aprenden a vivir con ella.


martes, 21 de junio de 2016

EL LIENZO Y LA GUADAÑA

Este lienzo 
descansa sobre la hierba.

El sol pasa la mano  
sobre sus hilos 
y aleja, al menos, el último dolor.

La hierba, sin embargo,
se renueva cada año,
y brilla en cada brote nuevo,
Y en cada memoria.

Y no teme el dolor,
Ni la caricia
                      de la guadaña.