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viernes, 19 de abril de 2013

LA MESA

LA MESA

Acaso es ésta mi pequeña felicidad .
Ningún deseo se cumple con mayor verosimilitud,
ni importa si la luz trae desnuda hasta la mesa
malos presagios, una dureza aún sin madurar.
Los sueños no siempre permanecen.
Aquí, el mundo parece más insignificante.
Quizás olvido el desorden,
las uñas de la tierra,
mientras suena la música del agradecimiento
dentro de mi.
Y esa música me adormece.

domingo, 14 de abril de 2013


Bajo las persianas para que tanta luz no interrumpa el sueño. Sólo a media luz las formas se adivinan indefensas, más familiares y respetuosas con alguien que necesita tiempo para ir deshaciendo las sombras. Pero esta luz no siente la derrota, no se acomoda, ni acepta quedarse afuera. Oigo sus voces , sus advertencias. Nada parece más real que lo visible, y la verdad , si queda algún rastro de ella, ¿en qué lugar se esconde?   







jueves, 4 de abril de 2013



Cumplo con mis obligaciones en este mes de abril, tan despiadado y cruel como aquel otro en el que las lilas desfallecen  en la tierra negra del jardín. No ha sido nunca justo el tiempo .  Llueve irremediablemente desde hace meses en el  noroeste, y la tierra anegada pide una tregua. La misma que necesitan los hombres. Aquí, más al sur, los días racheados se deshacen con sus nublos , perdidos, desorientados . Suelo mirar los cielos a menudo. A veces descubro entre las ramas alargadas de los álamos blancos,  o sobre la torre ordenada de la araucaria , una hoja nueva que alumbra la resurrección. Dispongo, entonces, la mirada hacia esas alturas que guardan nuestras sombras,  y  dejan fría la tierra del jardín, tan fría que nada puede crecer bajo su manto. Me digo, entonces, que en unos días, cuando el sol abrase los muros del jardín, y queme la cal mis ojos, echaré de menos esta noche y el aire y la destemplanza que deposita en mis huesos tanta adversidad. Y que la vida es eso, un alocado discurrir contra las inclemencias y las insatisfacciones.

sábado, 30 de marzo de 2013



El marco conserva las huellas, el deterioro causado por las inclemencias y el desprecio del tiempo. Dentro, la pintura mantiene aún el pulso firme frente a las grietas y los desencantos.   Se nota que el viejo sueño del artista permanece aún con sus ritmos vitales. Aún hay fuerza para llevar la mano hacia un paisaje abierto, con su  hierba anárquica, y sus calveros despintados.  Los árboles, pequeños e indefensos,  crean una línea imaginaria que nos aparta de los peligros que a lo lejos se intuyen, en esas manchas crecidas, insinuándose allá en el horizonte. Y detrás, un cielo, cauto, sin color, ni confianza. Como el futuro, siempre incierto, y a la vez necesitado de esperanza.

sábado, 23 de marzo de 2013



Cubro el hueco de las horas vacías, y pasan veloces como el viento que trae lluvia, una lluvia que se prodiga hasta las últimas habitaciones. El sueño no me distrae desde hace no sé cuánto tiempo. Ni sueño ni poesía se atreven, con esta lluvia, a llamar a mi puerta. Será que necesitan distancia, que sus nudillos siguen doloridos. Las manos sino están limpias no merecen lo que tocan.