No quiero recurrir una vez más al tópico de que en el sur, encendidas las brasas, nos arrojamos en los brazos de la desidia, y la indolencia, para sobrellevar con cierta dignidad estas quemaduras que llegan hasta los tuétanos y disipan el entendimiento. Ayer, la niebla suspendida sobre los árboles dejaba caer unas gotas de agua, y mis ojos se oscurecían. Hoy, al amparo de un aire desnaturalizado, que viene en llamarse climatizado, me refugio en la mentira, en la negación, sin saber qué mirarán mis ojos con tanta luz que ahí, en la calle, pugna por descubrirme, aún más cobarde, más miserable, de lo que era ayer.
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lunes, 29 de agosto de 2011
sábado, 27 de agosto de 2011
La víspera con su aguijón desnudo inyectando dolor, y a la vez el necesario consuelo para seguir viviendo. El regreso a la vida diaria borra todo lo acontecido hasta hoy, deshace las imágenes almacenadas, diluye el eco de las conversaciones , los recuerdos esparcidos como hierba seca que no se recoge. Fue la dicha un sueño igual que la escritura, tan incierto e irreal como un alcohol que se destila sólo para quemar.
domingo, 21 de agosto de 2011
Elogio del aguardiente de hierbas.
Tuvieron que ser los monjes preocupados por los feligreses que asistían a los lugares de devoción y que después de orar celebraban copiosas comidas, los que vinieran a inventar el aguardiente. O tal vez fue el fervor por hacer que las madrugadas de esos mismos feligreses fueran menos frías al salir de casa, en las duras jornadas de trabajo invernal. Fuera lo primero o lo segundo la verdad es que la destilación de los alcoholes debió significar un avance científico tan importante o más que el de la rueda o el arado. Por estas tierras del noroeste, en plena ribeira sacra, el nombre de la comarca dice ya mucho al respecto, las distintas órdenes , benedictinos y cistercienses, se especializaron en la obtención de un aguardiente, de color blanco y alto poder calorífico, ideal para despertar a los muertos allá donde estuvieran. Después idearon una fórmula para paliar la dureza de los alcoholes, a partir del añadido de hierbas aromáticas que le daban al líquido un tono verde, más o menos turbio, en función de la delicadeza de las manos que lo hicieran.
Pero voces autorizadas dicen que fueron impíos labradores los que descubrieron el aguardiente como bálsamo para ahogar las penas, y soportar el miedo, construyendo retorcidos alambiques que recuerdan las cocinas del infierno. Con esos instrumentos del hereje se acercaron si cabe más a Dios. La prueba más certera de esto serían las queimadas, invocaciones profanas muy extendidas por todas estos lugares, y las meigas sus dueñas aquí en la tierra.
Luego los hombres de fe se apropiaron de la bebida milagrosa. Y ya se sabe donde hay negocio ahí están siempre los hombres más realistas, y a la vez más escépticos. Ellos conseguirían un alcohol suave en apariencia, y de hermoso color, más cercano a su gusto. Durante siglos mantuvieron encendida la llama del Señor celebrando rituales que hoy la plebe sigue con la misma devoción. A Dios lo que es de Dios y a los hombres la esperanza, pues sea en el cielo o en el infierno tiene que seguir habiendo aguardiente para todos.
jueves, 18 de agosto de 2011
La literatura tiene algo de liturgia: aspira a convertir lo normal y corriente en memorable. Cuánta verdad encierran las palabras con las que Justo Navarro acostumbra a nombrar las cosas, a hilvanar sus pensamientos, sin ánimo ninguno de imponernos su punto de vista, pues ya previamente ha adquirido la suficiente distancia frente a la realidad o la ficción que quiere trasmitirle al lector. Visitamos Guimaraes hace más de una semana, una ciudad relativamente cercana a la frontera española. En poco más de una hora llegamos desde las tierras orensanas, que en su día pertenecieron al reino galaico-portugués, a una pequeña ciudad cuyo encanto reside en su belleza, una belleza serena, pausada, que no pretende nunca impactar al visitante, sino trasmitirle la impresión de que una ciudad puede ser también el lugar adecuado para vivir, para fortalecer su anhelo de estudio y conocimiento, de recogimiento y al mismo tiempo de vida social.
Y esa belleza el visitante no deberá buscarla en los museos, que los hay y muy interesantes como el Alberto Sampaio, sino en el paseo sosegado y curioso por calles y plazas, dejándose llevar por el ritmo de la vida diaria, que es la que verdaderamente hace que una ciudad sea o no habitable. Guimaraes guarda la esencia de una verdad que difícilmente se compra o se vende, y por eso resulta entrañable recorrer sus viejas callejuelas en busca de un lugar en el que pudiéramos pensar que ser feliz es aún posible, quizás como en la literatura, ese refugio donde la memoria permanece fiel al sueño de la felicidad.
martes, 16 de agosto de 2011
Pájaros mecánicos vuelan nerviosos buscando un lugar tranquilo donde posarse, llenar su vientre de agua y levantar el vuelo. La tierra abrasada se lamenta, pide desesperadamente una tregua, un día y una noche oscura que calme el dolor, que paralice la fiebre. El aire deshace las últimas sombras, enciende el opio del termómetro, que diría Trapiello. Yo busco un escondrijo, lejos de la superficie, para hincar las rodillas y suplicar a los Dioses un poco de misericordia, en forma de lágrimas.
lunes, 15 de agosto de 2011
domingo, 14 de agosto de 2011
Tal vez presentía la lluvia, y por eso apresuraba el vuelo, solitaria, en busca de algún alimento. La silueta , perfectamente definida, bajo unas nubes aborregadas, se desplazaba suavemente, como si el aire la llevara sin resistencia. Los árboles sedientos ocultaban una presa invisible. Y ella, paciente, dibujaba círculos cada vez más pequeños, evitando una posible huida.
Ahora que el cielo deja caer una lluvia menuda que agradece la tierra, y se oye este silencio humilde, me pregunto qué habrá sido del ave. Qué presa habrá caído en sus garras, o si el vuelo ha sido tan inútil e innecesario como estas palabras mías que se deshacen bajo esta lluvia.
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