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lunes, 23 de marzo de 2020

FALSA ÉGLOGA III, El resucitado


Cada estremecimiento,
cada giro inesperado  
de su cuerpo
provocaba en el jergón 
una réplica.

Mas sólo la luz
despertaba
al crucificado,
allí, presente
sobre el cabecero
de la cama.

Los rezos de la noche
servían para obtener
el perdón.

Y los castaños,
y el río de aguas,
y las aves del paraíso
celebraban
la bendición

del resucitado.


Hasta el día siguiente.


domingo, 22 de marzo de 2020

FALSA ÉGLOGA I. El afilador

Saltan 
destellos.
                
La tierra los acoge
como si fueran
                       astros.

Su luz
es un misterio.

Como este dios,
creador de la tierra 
y el agua.

Del aire 
y de un fuego

que aviva la hoz

y la guadaña.

viernes, 20 de marzo de 2020

“Aquí no, tu dulce égloga aquí no”.
                                                                                  José Watanabe


DULCE ÉGLOGA         

El sol acaricia el cuerpo 
de un saltamontes,
y los pétalos de una flor.

Ningún deseo sobrevive
mucho tiempo.

Es la hora del canto.  

En otra cumbre 
un trino solitario
interrumpe la tormenta.


Ay, dulce égloga 
mira por nosotros.     

miércoles, 18 de marzo de 2020

SOLOS, NOSOTROS

Extraña es esta luz que nos aparta del mundo.

Oyes el lamento
de un tiempo que acepta el sacrificio.

Como en el fuego 
                                  la espiga enferma. 

jueves, 12 de marzo de 2020

Soy vieja y sé quién está coronado por la muerte.
José Watanabe


COSAS DEL CUERPO

Ninguna violencia
como ésta 
que mi cuerpo
ejerce contra sí.

El dolor sacude las venas.

Las rosas frías
en la mesa.

arden
como un esbozo
que recapitula

todo lo que fui.

jueves, 5 de diciembre de 2019

SOLO ESE CALOR


Entre esto y aquello, la luz de la verdad susurra algo 
como todo lo que se oye dentro, de este lado del corazón.

Dicen que nada vale, ni siquiera esa verdad 
que ahora pretende iluminar, entre unas hojas que han esperado el momento 
y recogen en su interior el calor que ellas mismas desprenden.

Solo ese calor.   

sábado, 30 de noviembre de 2019

ALBADA Y RÉQUIEM

Finge el horizonte un perpetuo renacimiento, como una pieza musical que agota 
al intérprete y le exige estar en forma.
La costumbre nos distrae del verdadero sentido de las cosas. 
Una flor se abre con piel desnuda, casi líquida. Y es un espejismo su esplendor, 
esas notas que descienden en busca de una noche plácida, sin turbulencias.

Albada y réquiem, cuerdas que tensan una misma incertidumbre.