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sábado, 7 de mayo de 2011

No recordaba mis sueños hasta que esta mañana leyendo a W.S. Burroughs descubrí su sueño de volar. Es extraño, pensé, el sueño de Burroughs no se parece en nada a mi sueño de volar. Supongo que cada uno tiene su propio universo onírico, y es ahí donde somos diferentes. En mi sueño lo más difícil era iniciar el  vuelo. Recorría una gran distancia buscando en el impulso de mi cuerpo la fuerza necesaria, levantaba los brazos  hundiéndolos en el aire, con el deseo de poder elevarme, y dejar atrás la tierra,  todo mi peso, mi cuerpo de hombre. El inconsciente ha borrado todos los intentos fallidos, como si no existieran. Y sin embargo puedo contar cómo ya en el aire, sin miedo, a gran altura, me desplazaba libremente. Los árboles, las montañas, pequeñas casas en lo más profundo, quedaban atrás, bajo mi cuerpo, que dibujaba una línea horizontal casi perfecta. Bajo mi cuerpo el mundo era hermoso, habitable, sereno. A veces, cansado de sentirme libre, descendía buscando algún calvero. Todo el temor que no había experimentado antes me paralizaba. Mis brazos, mis piernas, perdían naturalidad en sus movimientos, y no respondían a mis deseos. Los nervios me zarandeaban, y caía, caía. Entonces, abrí los ojos,  y un sol frío entró por la ventana hasta mis brazos .      

jueves, 5 de mayo de 2011


Comenzar cada día como si nada pudiera ponerle término, cerrar las hojas de la ventana para que la luz pase sin nadie. Abrir las vendas que esclavizan los ojos, y alimentar la mirada que ha permanecido mucho tiempo caída. La luz se acerca a quien la recibe con los brazos abiertos. Un cielo extrañamente luminoso se asoma a la pared más blanca, cubriéndola de esperanza. Y nos limpia por dentro.     

Dice Kafka en sus Diarios que una de las ventajas de llevar un diario consiste en que uno cobra conciencia, con una claridad tranquilizadora, de las transformaciones a que está sometido incesantemente … uno encuentra en su diario pruebas de haber vivido .
Pasada una edad no queda tiempo. O el poco que queda no debe desperdiciarse. Pero, ¿servirá para algo escribir aquí lo que el ojo es incapaz de discernir? El azar ha de llenar, una vez más, esta intemperie, abrigar este cuerpo.

miércoles, 4 de mayo de 2011



Cómo saber qué destino es el nuestro, qué camino elegir sabiendo que quedan atrás otros caminos cerrados para siempre. Cómo reconocer que lo que has andado no ha sido en balde, que sigues la buena senda, más o menos orientado hacia ése que quieres llegar a ser. Sólo así sentirás la lluvia en tu cara o la tormenta que deja sobre ti esas piedras frías destrozando los días que han de llegar. De una manera o de otra nunca sabrás si lo que has elegido era lo que merecías, si merecías más, o tal vez menos. Pon tu empeño en no mirar atrás, pues el tiempo nos arroja a su capricho, y el tiempo nos recoge , sin que nada ni nadie sea capaz de evitar la caída. Mira lo que mañana ha de traerte, y agradécelo. Poco o mucho es para ti.

martes, 3 de mayo de 2011

La tarde está tranquila. Reconozco a esos pájaros que aletean sobre los terrados. Quedan pocas nubes, dispersas, como estrías blanquecinas, que alguien dejó olvidadas en su viaje de primavera. Respiro este tiempo de calma, la luz que se posa sobre la tierra, y que está también en el aire, antes de que corra la noche su  telón más negro. Pienso en aquellos que guardan en sus manos la esperanza, la medida de las cosas, ese anhelo por alcanzar aquello que se proponen, sin ningún menoscabo, sin miedo, con la convicción de dar todo lo que tienen, y de no importarles el fracaso, ni tampoco la vida que va en ello.

lunes, 2 de mayo de 2011

Acuéstate, no queda nadie. La luz está también cansada. Mírala, desea que cierres este día, que no sigas empeñado en algo que nadie sabe para qué. Cierra los ojos, y que la noche acuda a tu lado, sin sobresaltos.
Estos días nos obligan a mirar más adentro. Si no hay horizonte y un cielo de aluminio nos encierra, y no pueden los ojos descubrir lo que se esconde, si alguien sigue al otro lado intentando como tú descorrer esas sombras, pero nadie se acerca. Lo poco que queda es buscar en algunas páginas otro horizonte. Por ejemplo el que nunca tuvo Anna Ajmátova , y sin embargo en sus poemas nos dejó dibujado, una manera de encontrar la salida, el deseo que no renuncia, que no claudica.    

domingo, 1 de mayo de 2011

Todo está cubierto hoy de una espesa grisura. El día igualmente impenetrable, a pesar de la hora, no es muy propio de estas latitudes. Así el corazón se acerca a las nubes que ahogan cualquier respiración. El deseo se esconde esperando que pase la tormenta que ha de llegar, y nos inquieta. Pero dónde está la templanza, la calma, la entereza que necesito para no abdicar ante el desastre.